viernes, 16 de enero de 2015

Nueva vida

A pedido del público les cuento qué es de mi vida.

Después de las primeras semanas dejé de estresarme por la cocina y el orden, ya no me peleo con mis padres, y disfruto de cada uno de esos momentos que no podría tener si no viviera sola (hacer ejercicios de ballet en el medio del comedor, encerrarme dos horas a grabar canciones en Audacity, cenar mientras veo series con la notebook arriba de la mesa). No extraño, y de a poco voy sintiendo que éste es mi lugar.

Sin embargo (porque todo en la vida tiene un "pero"), antes de mudarme creía que hacerlo iba a ser la solución a todos mis problemas e iba a ser libre y feliz y me iba a convertir en un ser sociable. Nada más lejos de la realidad. Uno puede estar en otro lugar o con (sin) otra compañía pero como dice un tema de La Ley, "la vida sigue igual". Sigo siendo yo, entonces no empecé a buscar desesperada cualquier salida con tal de estar con gente. Sí salí, pero a donde realmente tenía ganas de ir, (aunque mucho más relajada sabiendo que nadie me iba a controlar a qué hora regresaba). En cuanto a los vecinos, son veinteañeros bolicheros, trolitas a las que sólo les interesa tomar sol o familias con niños. No veo muchas chances de hacer amigos por ahí. Y ni siquiera he podido invitar gente, por falta de muebles/utensilios/tiempoparadejartodoperfectoantesdequelleguen.

Como verán, lo de socializar todavía es un gran fail, y una vez que hubo pasado la etapa de euforia (=as in "poder hacer cualquier cosa que me dé la gana en cualquier momento, como por ejemplo mirar una película en pijama mientras como tutucas"), caí en la cuenta de que sigo teniendo la misma vida chota de antes. No estoy feliz, me sigo deprimiendo, y más de una vez tuve que tomar algo para poder dormir.

Voy a confiar en que en este año de la cabra (?) todo cambie para mejor.

jueves, 11 de diciembre de 2014

DIY falopa

Una de las cosas buenas de haberme mudado (ya escribiré en extenso sobre eso, lo prometo) es poder hacer cualquier huevada sin que nadie me haga mil preguntas al respecto. Así fue como una tarde me puse a hacer manualidades que no son dignas de aparecer en Pinterest pero no hay nada que me ponga más contenta que reciclar cosas viejas.

Posavasos

Materiales:

-Plásticos transparentes con forma de CD que sirven para proteger a los cds vírgenes que vienen al por mayor en esos recipientes redondos (?)
-Tatuajes temporarios comprados en Monte Hermoso en 1995 o Villa Gesell 2000 (supongo que fue en 1995 porque en el 2000 ya estaba grande para eso pero me cuesta creer que guardo cosas del '95 - mentira, guardo cosas más viejas todavía)



Se recortan los tatuajes de preferencia y se siguen las instrucciones.

Los usé una noche que vinieron a cenar mi hermana y mi cuñado.



Adorno para baño

Materiales:

-Set de jabones y flores regalo de mi frenemy Eve para mi cumpleaños en el 2008 y que me daba pena desarmar.
-Frasco de mermelada La Campagnola.



Se abre el paquete, los que entra adentro del frasco se mete, lo que no, se guarda para una futura manualidad. Se forra la tapa del frasco con el papel que venía al fondo de la cajita.

No sirve para nada pero queda más o menos lindo.




Bonus track: la cajita ahora es un mini costurero.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Me asusta mi propia memoria

En 1996, una profesora nos cuenta que los nombres de sus hijos van a ser cortos, Mateo o Paz, porque el apellido de su marido es muy largo. No la vuelvo a ver.

En 2014 la encuentro en Facebook. Tiene una foto con la que supongo es la hija. Busco entre los amigos de ella alguien que tenga el apellido del marido, que todavía recuerdo, para ver si hay alguna Paz. Por supuesto, es la chica de la foto.

¿Ustedes también recuerdan cosas de hace mil años de gente que ni siquiera les importa?

martes, 7 de octubre de 2014

Primera semana

El otro día leí en Twitter a una chica que decía que en los 18 años que vivió con sus padres se había acostumbrado a no sé qué cosa. Imaginen yo en 35 a cuántas cosas me había acostumbrado. Sin embargo no fue tan traumático como pensé que iba a ser,

Hace poco más de una semana que me mudé y todavía estoy como cuando me voy de vacaciones, que me adapto enseguida pero sé que en pocos días voy a volver a mi casa y a mi vida de todos los días. Siento que mi casa (la que dejé) va a ser mi casa siempre y que donde estoy ahora es temporal. Como que son unos días en los que estoy jugando a estar sola pero en cualquier momento me vuelvo. Quizás no ayuda el hecho de que todavía me faltan cosas por llevar, otras por comprar, por lo que todavía no es "mi" lugar completamente. Espero que lo sea pronto.

En cuanto a lo más concreto, creo que recién al cuarto día me sentí bien y relajada. No terminaba más de limpiar, acomodar, guardar. Además nunca había cocinado por lo tanto pensar qué hacer, ir a comprar, y cocinar, me estresaba de tal manera que a las 9 de la noche quería tirarme a dormir 10 horas seguidas. Al final no es taaan difícil y de a poco le voy agarrando la mano (tengo un estómago sensible y necesito engordar, no me den consejos del tipo "pedí delivery"/"comete una ensaladita de lechuga"). Tengo que comprar algunas fuentes y pienso incursionar en el rubro tortas. Total, lo bueno de estar sola es que puedo experimentar cualquier cosa y nadie me va a criticar lo que haga o cómo lo haga.

Una comentarista me dijo "ya vas a ver que linda relación construís ahora con tus padres", Bueno, not. Hemos sido tan unidos que al hecho de que yo me haya ido "sin ningún motivo" (=no tengo pareja) mi mamá lo toma como un acto de abandono. Primero intentó convencerme de mil maneras para que me quedara, ahora me hace sentir con culpa. Lo último que me dijo fue que se sentía mal porque el tiempo pasa, y yo le dije que por más que me quede con ellos el tiempo va a pasar igual. Se enojó y no quiso que me llevara 4 mugrosos CDs porque no los había comprado yo. No tengo cable ni internet y son CDs que escuchaba sólo yo y que compraron cuando yo tenía 12 años, obvio que no tenía con qué pagarlos. Por suerte mi papá puso un poco de cordura y me pude llevar un poco de música, el único entretenimiento que tengo por ahora. En fin, que ellos se encerraron en su familia y ahora no tienen ni un amigo y yo me siento con culpa porque se quedaron solos. Sé que tengo que dejar de pensar así pero me cuesta.

Espero para la próxima contarles algo más divertido. Por ahora cierro esta primera crónica mandándole un saludito a mi psicóloga que me dejó justo ahora para ir a parir un hijo. Tengo el re timing, yo.


La cocina




miércoles, 27 de agosto de 2014

Día de mierda

No voy a hacer el juego de palabras "día de miércoles" porque es horrible y ya se hizo un trillón de veces.

Hoy es mi cumpleaños y si bien no suele ser mi día favorito del año (me cuesta ser el centro de atención, aunque sea de mi pequeño mundo), estoy de buen humor. Hoy no. Tampoco es que esté de mal humor, pero estoy entre preocupada, nerviosa y depresiva. Hace tiempo que estoy luchando contra el trastorno de ansiedad y los ataques de pánico, pero todavía no estoy del todo curada, y los pequeños contratiempos de la vida cotidiana (enfermedad de un familiar, de mi  perra, y dolencias mías varias - de las reales y de las psicosomáticas), más los cambios que se avecinan y a los que todavía no me atrevo a enfrentarme, nublan por completo el resto de las cosas buenas que me pasan, así que me levanté con más ganas de desaparecer que de festejar.

Apenas llegué al trabajo me tomé media pastillita mágica que me hizo sentir bastante mejor y ahora no siento tanto que sea un día de mierda.

Si festejara y hubiera torta y velitas uno de mis deseos sería tener una mente sana.

miércoles, 30 de julio de 2014

Real stalking

Una vez para stalkear a un tipo (año 2002) busqué en la guía de teléfonos la dirección de la que suponía era su casa, fui hasta allí y me quedé parada un rato en la puerta (al frente, mejor dicho) para ver si salía o si alcanzaba a distinguir algo en las ventanas.

No me vengan ahora con eso de mirar un par de fotos en Facebook.


miércoles, 16 de julio de 2014

Muchas reflexiones

El miércoles pasado, más o menos en el entretiempo del partido Argentina-Holanda, se murió mi abuelo. No fue una sorpresa, tenía 90 años y problemas cardíacos, y al menos yo ya me había mentalizado y casi no me puse triste. En parte fue un alivio porque la vida que llevaba no era vida: desde hacía años padecía demencia senil y ya casi no reconocía a nadie, estaba sentado sin hacer nada la mayor parte del día, no se acordaba de cosas básicas como por ejemplo si tenía que comer con el tenedor o con la mano, y era maltratado por mi abuela y mi tío, que se enojaban porque tenían que repetirle cien veces las mismas cosas. Los entiendo porque no es fácil convivir con una persona así, pero me daba mucha pena. Si bien no tengo una relación muy cercana con ellos, mi abuelo siempre fue bueno. Cuando todavía estaba dentro de todo bien, hacía chistes tontos y mi abuela siempre se enojaba y lo hacía quedar mal delante de los demás, y él nunca le dijo nada. Sonreía y bajaba la cabeza. En los últimos tiempos, en los pocos momentos de lucidez que tenía, manifestaba que estaba cansado de que lo trataran mal. 

Es la primera muerte cercana que tengo en mi familia, y a pesar de todo no lo sufrí tanto. Yo creo que todavía no caí, la psicóloga dice que ya hice el duelo antes, cuando mi abuelo dejó de "estar", a pesar de estar físicamente. Como sea, el hecho me hizo reflexionar bastante acerca de muchas cosas:

*La muerte es algo natural: después del shock inicial, mientras algunos salieron a hacer trámites, los que nos quedamos en la casa hablamos, nos reímos y hasta vimos los penales como si no hubiera una persona muerta a dos cuartos de distancia. Obviamente tampoco es que nos pusimos a contar chistes y el final del partido me causó la misma emoción que un documental en japonés sobre cómo crece el pasto, pero fue mucho menos dramático de lo que yo había imaginado.

*El reencuentro de la familia: por primera vez en no recuerdo cuántos años volvimos a estar todos los primos juntos. Eso que dicen de que en los velorios se encuentra la gente es verdad.

*Primeras veces: nunca había ido a un velorio. No sabía cómo era el lugar ni qué se hacía. Antes de entrar apagué el celular porque pensaba que el clima sería de solemnidad, pero nada que ver. Ahora entiendo la importancia de la gente que te va a acompañar y me arrepiento de no haber estado otras veces con quien lo necesitó. Tampoco había ido a un entierro, naturalmente, y mucho menos participado en un cortejo fúnebre.

*Cambios en las relaciones: nunca tuve una buena relación con mi abuela, pero ahora la trato mejor, y hago lo posible para ayudarla. Mi mamá se dio cuenta de que tiene que hablar o verse más seguido con sus primos porque son buenos y la ayudaron mucho.

Me quedo con el recuerdo de mi abuelo, que el miércoles a la mañana, después de que lo llevamos de vuelta a su casa cuando en el hospital nos dijeron que no hacía falta que quedara internado, no perdió su buena educación y me dijo "gracias por la visita".