Había escrito un texto acerca de un supuesto psicólogo que me habían recomendado pero me enteré de que hace un par de días se murió así que mejor lo dejo ahí.
Sin rumbo ni orden
Pensamientos al azar (Ideas, anécdotas, cosas que encuentro por ahí y que quiero compartir; en fin, de todo un poco)
domingo, 9 de junio de 2013
domingo, 2 de junio de 2013
Crónica de mi breve terapia
El año pasado les comenté entusiasmada que finalmente había decidido hacer terapia. El entusiasmo, lamentablemente, duró poco.
El disparador para ir fue mi fobia para viajar en avión. Le pregunté a una compañera de trabajo que es psicóloga si conocía a alguien para recomendarme y me dijo "andá con Fulano, es ES-PEC-TA-CU-LAR". Me lo decía no sólo como profesional sino como paciente de él, ya que ella sufría más o menos lo mismo que yo y se curó. No me quedaron dudas.
Cuando le conté al tipo por qué iba, lo primero que me cuestionó fue "¿pero tenés planeado algún viaje en avión?". "No, pelotudo, pero si no me curo nunca voy a poder planear nada, y si me surgen viajes sin planearlos no voy a poder ir porque no voy a tener tiempo de curarme." No con esas palabras, pero más o menos eso le dije. Tuve ganas de no ir más, pero preferí darle una oportunidad.
Mi segundo problema eran los ataques de ansiedad/angustia, y el tercero, mis dificultades para relacionarme con la gente, hacer y mantener amigos. Se enfocó en este tercer problema.
Las primeras sesiones fueron productivas, principalmente porque saqué afuera muchas cosas que no hablaba con nadie. Hice algunos ejercicios en consulta y otros en la vida real de los cuales aprendí algunos "defectos" que tengo para socializar (y que modifiqué o estoy modificando).
Como veía que todo se iba mucho para el lado de "cómo hablar más con la gente" (digamos que no es algo que me importe demasiado) y "para que te acepten en un grupo hay que fingir un poco" (algo con lo que no estoy de acuerdo), lo traje de vuelta a la realidad de mis ataques. Me dijo, en síntesis, que esos ataques ocurrían porque mi vida "no es plena", que tengo que cambiar los pensamientos negativos por positivos y que tengo que hacer ejercicios de relajación. Genio. Y genia yo, también, por pagarle a alguien para que me diga algo que ya sé. Ah, me recomendó que leyera el libro "Confianza total". Segunda vez que me dieron ganas de no ir más, no sin antes decirle que es un pelotudo; en cambio le dije que yo no tenía problemas de confianza y que me parecían un verso los libros de ese estilo. Me quiso convencer de lo contrario. Bajé un capítulo del libro y confirmo que es un verso.
Más o menos a la sesión 7 (no es que tenga buena memoria, estoy leyendo mi libretita de notas) le dije "¿Ya está? ¿Cómo sigue esto? Si ya me dijiste lo que tengo que hacer para mejorar mi vida social, ¿de qué voy a seguir hablando?" No me acuerdo con qué argumentos, pero me convenció para seguir. Por suerte en esos días pasaron un par de cosas que dieron para hablar en las siguientes dos sesiones.
Llegué a la sesión 10, la última del año y última antes de sus vacaciones, sin mucho qué decir. "Bueno, qué tenés ganas de compartir?", empezó. "Nada, tenía anotadas un par de cosas, pero ahora me doy cuenta de que no tienen importancia, así que no tengo nada para decir". "Bueno, alguna otra cosa que quieras compartir?" "No, nada". Menos mal que siempre llevaba mi libreta para escribir alguna gilada o aunque sea hacer doodles, porque muchas veces se quedaba en silencio mirándome y yo sin saber qué carajo decir (y él tampoco, lo que es peor).
Estábamos en eso de que yo no tenía nada para "compartir", y yo esperaba que me dijera que me fuera, prefería salir a los cinco minutos de haber entrado y no esa tortura de que no pasara nada. Pero no. De la galera de la sabiduría sacó cuatro frases, denominadas por él "Pensamientos Flexibles" y que dicen maso meno sasí:
1) No se puede tener todo
2) Nada es para siempre/todo pasa
3) Lo bueno demanda esfuerzo
4) Quedarse en la zona de confort sólo cuando es realmente necesario (no dijo "zona de confort", pero la idea era esa)
Y otra vez le estaba pagando para que me dijera semejantes verduras. Y no sólo las decía, sino que además las explicaba. Me explicaba frases que se explican solas.
Faltaba como media hora y para rellenar me contó uno de esos cuentos de viajeros que llegan a un pueblo y etc. Seguía sobrando tiempo y me pidió que hiciera un resumen de cómo me había sentido, qué había aprendido, qué esperaba. En dos frases dije todo. Él me hizo su "devolución": estoy más flexible, más abierta, voy mejorando. Nada que yo no supiera.
Nos despedimos con un "nos hablamos al regreso de las vacaciones". Ninguno dijo nada pero los dos sabíamos que eso no iba a pasar.
¿Me sirvió para algo? En parte sí y en (mayor) parte no.
Problema 1 - Viajar en avión: era el asunto más urgente y lo hice, medicada, sí, pero antes ni siquiera me había animado a eso. No sé si tuvo que ver con la terapia o no, pero bueno, digamos que mi problema más grande se solucionó.
Problema 2 - Ataques de pánico: he vuelto a tener. Él me enseñó cómo controlarlos pero no me enseñó cómo hacer para que no vuelvan. Ahora ya sé que la terapia cognitiva no me puede ayudar en eso.
Problema 3 - Socialización: mi idea era cambiar algo interno que me permitiera sentirme cómoda con la gente que me rodea pero, o no se puede hacer, o tampoco es la terapia indicada. Todos los ejercicios y consejos que me dio eran superficiales: "hablá con todo el mundo, de cualquier cosa, aunque no tengas ganas", "si te insisten en hacer algo que no querés, decí que no pero con alguna mentira, nunca digas la verdadera razón", "si algo te molesta, no lo digas", "si estás por putear a alguien, tranquilizate y decile lo mismo pero de manera amable", "nadie tiene que saber lo que realmente pensás sobre tal o cual tema". En síntesis: iba a seguir siendo la misma rara que no aguanta a nadie y que no encaja en ningún lado, pero ahora encima tenía que fingir que no era nada de eso. ¡Doble trabajo!
Por ahora sigo como estoy, tal vez alguna vez juntaré fuerzas nuevamente para encarar otra terapia.
PD: me recomendaron otro psicólogo, pero lo googleé y... después les cuento.
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domingo, 26 de mayo de 2013
Cinco años
Hace unos días estaba en el baño (lugar de meditación por excelencia) y recordé que este blog cumplió cinco años. Me habría gustado hacer un post más elaborado, recordando y agradeciendo uno por uno a todos los comentaristas que pasaron por aquí, pero la verdad es que no tengo ganas de dedicarle tanto tiempo a algo que está más muerto que vivo (el blog, no los comentaristas, claro está). Es asombroso cómo la cantidad de posts fue decreciendo a través de los años. ¡Al principio hasta escribía dos por día! Muchas veces quise cerrarlo pero sé que en cualquier momento puedo necesitarlo, y por eso aquí estamos, juntos un año más.
El saludo a los lectores será, entonces, masivo: a los primeros, que me hicieron sentir que no escribía para la nada; a los bloggeros que solían escribir tanto como yo; a los que conocía personalmente y llegaron al blog de casualidad; a los que conocí personalmente gracias al blog; a los que empezaron tirando mala onda pero finalmente nos entendimos; a los que me han pedido que escriba más; a los que me siguen en Twitter y no sabía que leían el blog. A todos ustedes, gracias!! Por los consejos, por reírse con mis anécdotas de perdedora, por decirme que les gusta cómo escribo (a eso todavía no me lo creo).
Si siguen ahí, me gustaría que me dejen un mensajito. Como al principio, para no sentir que le escribo a la nada.
Gracias.
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Reflexiones
domingo, 10 de marzo de 2013
Rio
Estas vacaciones fueron lindas por todo lo distinto y nuevo que viví.
Con el viaje en avión, vinieron nuevas experiencias: primera vez que salí del país en avión, primera vez que volé de noche, primera vez que fui al baño de un avión, primera vez que compré en un free shop.
Volví a Brasil después de 20 años: la primera, tenía 13, y tanto el mar como el idioma eran nuevos para mí. Este viaje me entusiasmaba entre otras cosas porque iba a poder hablar en portugués, idioma que odio, pero que estudié y que quiero perfeccionar y practicar.
Además del portugués y del castellano hablé los otros dos idiomas que sé. Fue lindo ver la expresión del alivio del italiano cuando le di unas indicaciones después de que ninguno de los empleados de la recepción del hotel entendieran qué quería decir dove posso mangiare? . Un tipo en la playa y una empleada del aeropuerto se dirigieron a mí en inglés. Se ve que no tengo cara ni de argentina ni de brasilera.
En cuanto a la comida/bebida soy muy quisquillosa y cuando me voy de vacaciones no salgo del pollo con papas, pero esta vez me animé a probar otras cosas: caipirinha, farofa, guaraná, Grapette sabor framboesa, banana frita, lenguado, arroz con brócolis con aceite de oliva. Nada de eso me gustó mucho, a excepción de la caipirinha, que no me gustó para nada.
Fue la primera vez que no me pude desconectar del todo porque llevé la BlackBerry. Compensamos con el hecho que 9/9 días hizo calor (mucho) y sol pleno, algo que tampoco me había pasado nunca.
Y qué decir de Río de Janeiro, hasta ahora el lugar más lejos de mi casa donde he estado. Nunca me imaginé que alguna vez iba a estar ahí, no porque fuera inalcanzable, sino porque no me interesaba. Antes de viajar leí, vi fotos, investigué qué se podía hacer, y las opciones eran interminables. Me quedé con ganas de conocer muchas cosas, pero no sé si volvería, fundamentalmente porque no soporto a los brasileros; sin embargo, todo el tiempo me topaba con cosas que me hacían pensar "qué ciudad maravillosa".
Y no podía no visitar una de las 7 nuevas maravillas del mundo.
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De todo un poco
domingo, 3 de marzo de 2013
Cómo superé el miedo a volar
La primera vez que viajé en avión tenía 4 meses. Pero esa no cuenta. Así que digamos que la primera vez que viajé en avión tenía 20 años. No tenía nada de miedo y no entendía por qué otras personas lo tenían, ya que era un medio de transporte como cualquier otro. Viajé por Lapa 4 meses después del accidente y tampoco eso me asustaba (pensaba que las probabilidades de que hubiera otro accidente eran bajísimas). El trayecto era Córdoba-Buenos Aires-Villa Gesell y de vuelta. Los primeros minutos venían bien, pero en un momento me asusté con las turbulencias, y la sensación de vacío en el estómago cuando el avión pierde altura no me gustó para nada. Llegamos a Aeroparque y fui directo al baño. Ahí entendí la expresión "estar cagado". Los restantes tres vuelos fueron tranquilísimos pero yo estaba tensa como una cuerda a punto de cortarse.
Desde ese momento, cada vez que me imaginaba arriba de un avión, me mataban los nervios. Creo que los viajes importantes que iba a hacer y que no se dieron (a Italia con mi hermana, a Colombia con el coro) fueron boicoteados mentalmente por mí para no tener que viajar en avión. Dos veces me regalaron viajes dentro de Argentina que no acepté. Todas mis vacaciones fueron planeadas por acá cerca, y el viaje a Inglaterra nunca llegaba porque "no tengo plata", "no tengo tiempo", "no tengo con quien ir". Mentira. Excusas.
Pensaba que la solución iba a llegar mágicamente, que cuando alguien me pusiera en la mano un pasaje a Londres no iba a poder decir que no y de alguna manera lo iba a superar. Mientras tanto, seguía pasando el tiempo y me moría de bronca al ver cómo mis conocidos viajaban por todas partes.
Un día decidí a hacer terapia, pero el psicólogo se enfocó en otros asuntos y no en mi fobia. Terminó diciembre y decidí abandonar porque nada había cambiado.
Empecé a buscar destino para mis vacaciones. La patagonia era mi intención, pero mientras averiguaba, mi cuerpo me decía "tengo ganas de andar al sol con poca ropa". Ir a Brasil por tierra no me entusiasmaba mucho, pero en avión no iba a ir ni loca. No estaba preparada. El verano siguiente capaz que sí, luego de haber cambiado de terapeuta.
Una tarde, mientras hacía tatetí entre Bariloche, Mar del Plata y Florianópolis, mi mamá me preguntó "¿no querés venir con nosotros a Río de Janeiro?". "Bueno", le dije. Sin pensarlo, sin resistirme. No sabía cómo iba a hacer, pero tampoco tenía miedo. Todavía no entiendo cómo fue que pasó eso, algo que hasta hace poco habría resultado imposible para mí.
Una vez que tuve los pasajes en la mano, fue todo más real. La primera noche no dormí. Si bien estaba bastante más tranquila que lo que habría estado un año antes en la misma situación, cada tanto me imaginaba la sensación de estar volando y se me cerraba el estómago. En ese mes y pico hasta que viajé, eché mano de todos los recursos posibles para tranquilizarme (muchos, si alguno está interesado me avisa y le cuento), porque pasaban por mi cabeza las imágenes más horrendas que se les puedan ocurrir. Llegué al día bastante serena.
Sabía que me iba a tomar un Rivotril pero tenía miedo de que el miedo (valga la redundancia) allá arriba fuera tan grande que no me hiciera efecto. Cuando estábamos caminando hasta el avión (re tercer mundo eso de caminar por la pista) mi papá me preguntó si me sacaba una foto y casi me largo a llorar. Mientras me sentaba pensaba "¿¿Qué carajo hago acá?? No puedo hacer la boludez de bajarme. AAAAHHHH". Dicen que tenía cara de loca, pero despegó el avión y no lloré ni grité. Me puse a hablar con mi papá de lo que había estado leyendo acerca de cómo vuelan los aviones, me fui calmando, cerré los ojos, me imaginaba que iba viajando en colectivo, miré San Pablo desde arriba, saqué fotos, filmé. A punto de aterrizar el avión volvió a levantar vuelo porque no sé qué problema había en la pista, y no se me movió un pelo. Segundo vuelo, ya me senté del lado de la ventanilla. Fui al baño, me peiné, me dije que estaba volando a no sé cuántos metros del suelo pero no me asusté y me seguí peinando. Nada de imágenes horrendas ni pensamientos negativos. A la vuelta, mínimos nervios, los mismos que tendría si tuviera que hacer un viaje largo en auto. Me obligaron a tomarme la pastilla antes, pero fue mejor porque estaba super tranquila ya desde el despegue, y hubiera dormido si no fuera por el frió, la incomodidad de los asientos o la rompepelotez de las azafatas.
"Lo hicimos", me dijo mi papá cuando llegamos. Es que a lo largo de los años me insistieron tanto para que me animara, que al final fue un triunfo de todos.
Ahora quiero viajar de nuevo. Yo que creía que la terapia no había funcionado.
Y puedo tachar de la lista una de las cosas que esperaba hacer este año.
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Reflexiones
jueves, 24 de enero de 2013
SWAP
Algunas de ustedes conocerán a Vix. Soy fan de todo lo que hace y sólo por eso no quise quedarme afuera de una de sus invitaciones: participar de un swap.
El swap (trad.: intercambio) consiste en decirle a Vix que querés participar, ella junta a todas las participantes, las divide en parejas, pone a una en contacto con la otra, y a partir de ahí ambas intercambian lo que indique la consigna de Vix. (*). La primera vez no me acuerdo que fue, la segunda fue "revistas + té" y la tercera fue libre. Yo me perdí las dos primeras, la tercera era demasiado fácil como para no participar. ¡Y lo más lindo de todo es el factor sorpresa porque no sabés qué vas a recibir!
Mi compañera se llamaba Giovanna. Uruguaya ella, intercambiamos un par de mails hasta decidir qué nos enviábamos. Antes de continuar aclaro que a Vix y a la mayoría de las chicas que la siguen les gusta la decoración, el diseño, la stationery, las cosas hechas a mano, la handwriting, las artesanías, y los envíos que se hacen entre ellas suelen ser dentro de ese universo. Yo soy completamente inútil con mis manos, y se lo aclaré a Giovanna, así que tenía que pensar en otra cosa. Medio que me arrepentí de participar porque no se me ocurría nada, hasta que milagrosamente, eureka!
Como la idea no es regalar algo comprado, la única cosa que puedo hacer yo sola es grabar un CD. Condensé la mejor música que conozco, lo más lindo de todos los géneros. Para no quedar tan fuera de la onda Do-It-Yourself, decoré un sobre con colores alegres y escribí una carta A MANO (a ustedes no les parecerá nada, pero yo me olvidé de escribir a mano: se me cae la lapicera, se me acalambran los dedos, las letras me salen todas de diferente tamaño y obviamente se caen del renglón. Sólo circunstancias extremas me llevan a escribir a mano).
Giovanna me avisó a fines de agosto que su paquete había partido hacia acá, yo envié el mío el 5 de septiembre, y desde entonces todo fue Triángulo de las Bermudas. Correo Argentino me permitió seguir el envío hasta que salió del país, pero cuántos días más podía demorar? Cuestiones de correo aparte, Giovanna nunca más se comunicó conmigo, ni para preguntarme si llegó su paquete, ni para reclamar que no había recibido el mío, ni para responder esto mismo que yo le preguntaba a ella.
Vix posteó en su blog varias fotos de otros envíos de otras chicas. Todo super lindo. Mi paranoia me hizo pensar que en comparación mi regalo (y con razón) a Giovanna le pareció una cagada y por eso no me quiso hablar más ni por mail, pero su supuesto envío tampoco me llegó a mí. Un día la vi conectada en Gmail pero no le dije nada, tampoco es para estar reclamando. Lo comenté con Vix, ella le escribió pero tampoco respondió. Parecía una mina buena onda, me imagino que si se hubiera arrepentido de participar lo habría dicho.
Giovanna, si estás leyendo, da señales de vida. (En este momento interrumpo la escritura para Googlearla y me sale un usuario de Twitter "@giisdead"). No te vamos a reclamar nada, sólo queremos saber si estás bien.
Este era mi regalo para ella
(*) Va todo en femenino porque siempre son solamente mujeres las que participan.
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Mujeres
miércoles, 16 de enero de 2013
Base doble
Como si tener que ir de vacaciones solo no fuera lo suficientemente deprimente, los infelices que nos encontramos en esa situación tenemos que pagar en algunos casos hasta el doble de lo que pagaríamos si estuviéramos acompañados.
Precios reales:
Canasvieras bus y hotel: DBL: $ 3.999 SGL: $ 6.599
Hotel Mar del Plata, precio por persona: DBL $ 391 SGL: $ 738
Río de Janerio avión y hotel: DBL: USD 2.668 SGL USD 4.168
Mendoza 4 días DBL $ 2490 SGL: $ 3.190
Igual entiendo las reglas del negocio y no voy a cambiar nada, así que no sé para qué me quejo. Mejor me busco un marido, tengo dos hijos, y aprovecho algún Family Plan.
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Me revienta
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