jueves, 31 de diciembre de 2015

El año de la cabra

No sé qué quiere decir, pero soy cabra en el horóscopo chino, y éste fue el año de la cabra. No sé si se suponía que debía ser bueno, pero fue movido. Hace unos días, hablando con otra "cabra", coincidimos en que fue un año de altibajos. En mi caso fueron más los altos, por suerte (aunque ahora estoy terminando un poco abajo).

Esta vez no voy a hacer balances, ni promesas para el año que viene. Sólo quiero agradecerles por leerme (una de las buenas es que este año escribí el doble de posts que el año pasado, yay!) y desearles un feliz 2016.

¡Hasta el año que viene!


lunes, 23 de noviembre de 2015

Mi experiencia como maestra de sexto grado

De chica quería ser maestra, entre otras cosas. Me encantaba inventar listas de nombres, y jugar a que ponía presentes y ausentes, buenos, muy buenos y excelentes. Cuando podía, agarraba a mi hermana de alumna. A medida que fue pasando el tiempo me di cuenta de que no tenía paciencia para enseñar; los demás no entendían las cosas de la manera en que las entendía yo y mis razonamientos no eran de lo más pedagógicos.Ya más grande y cerca del momento de decidir mi futuro, ni loca se me habría ocurrido dedicarme a algo que involucrara hablar en público. Sin embargo, la idea quedó ahí, latente.

Desde hace unos años, la empresa en la que trabajo se une con una fundación educativa y busca voluntarios para dictar distintos tipos de programas (medio ambiente, la ciudad, jóvenes emprendedores, etc). Eso encendió la chispita de hacer trabajo voluntario y reflotó mi curiosidad acerca de dar clases, pero los horarios, los programas y los tipos de escuela no me terminaban de convencer.

Este año, surgió un programa llamado "Las ventajas de permanecer en la escuela". Fanática como soy de la educación, y entusiasmada con la posibilidad de trabajar con diamantes en bruto (no pun intended), me anoté. Era todo un desafío superar mi timidez y los nervios de hablar en público, así que por ese lado también era una buena oportunidad. La capacitación que nos dieron fue muy buena, y luego fui a conocer la escuela, los maestros y la directora, y salí de ahí con una lista de personas reales: Tiziana, Elías, Azul, Alex (nombres que no existían cuando yo inventaba nombres de alumnos para jugar).

Según me habían advertido, los chicos suelen ser muy tímidos y no participan, pero el grado que me tocó fue todo lo opuesto: cero miedo, cero vergüenza, pero también cero ganas de estudiar y cero respeto por las autoridades. Era imposible hacerlos callar, y tenía que repetir los conceptos y las consignas veinte veces. Lo llamativo es que son chicos muy despiertos, que con disciplina y más ganas de estudiar podrían ser mucho mejores. Tienen algunos conceptos muy claros, temas que nosotros a esa edad no hablábamos, pero por otro lado muchos no saben leer (pero en serio, al punto de inventar palabras) y la mayoría no puede escribir el nombre de su colegio sin errores de ortografía. 

Fue divertido preparar las clases, adaptar el material que me habían dado para que les resultara más atractivo, pero al llegar al aula sentía que tanto trabajo era al vicio. La penúltima clase estuve a punto de renunciar, pero no iba a dejarme vencer por mocosos de once años. Continué como pude, y al final del curso terminé sacándome fotos con todos, y me di cuenta de que le había tomado cariño hasta a los maleducados. 

No sé si lo que hice sirvió para algo. Ojalá me encuentre con alguno de ellos de acá a unos años y me entere.

Aprovecho la ocasión para felicitar a todos los maestros y maestras, ya que me di cuenta de lo difícil que es llevar adelante un grado, y más en una escuela que se cae a pedazos y con alumnos que acarrean todo tipo de problemas.

lunes, 9 de noviembre de 2015

Derecho a voto

Hace unas semanas, con motivo de las elecciones presidenciales, una bloggera/twittera que vive en el exterior publicó una foto en la que se mostraba yendo a votar a la embajada argentina. En ese momento me molestó: ella y su marido viven hace diez años en un país hermoso, y según puedo deducir de lo que escriben, no creo que vuelvan a la Argentina en un futuro próximo. Mi opinión es que personas en esa situación deberían abstenerse de votar, ya que no se han bancado lo que nos bancamos nosotros, no viven el día a día en este país, y gane quien gane ellos van a seguir viviendo en el primer mundo. En ese momento no comenté nada porque imaginé que me iba a responder: "es mi derecho", "sí estoy informada de lo que pasa en mi país", "aunque yo esté lejos tengo a mi familia y amigos", y más blabla que iba a generar una discusión difícil de seguir en Twitter. Simplemente lo comenté con mi familia en el almuerzo y coincidieron conmigo.

Esta mañana, supongo que debido a comentarios que le deben haber hecho, ella escribió un tuit reafirmando su derecho a votar ya que se informa mucho acerca de lo que pasa en el país. Esta vez no me aguanté y le contesté:

- Si hace más de dos gobiernos que no viven en el país ni piensan volver durante el próximo, no me parece bien que voten. (Bueno, capaz el "no me parece bien" no era la mejor manera de decirlo, pero en el apuro no se me ocurrió otra cosa).

No me contestó ella, sino el marido, y se dio más o menos la siguiente conversación:

Él: -Uno sigue siendo argentino esté donde esté
Yo: -Pero los que vivimos la realidad somos los que estamos acá, por eso el que está afuera no debería opinar
Él: -La realidad es una sola y si querés la ves desde cualquier lado
Yo: -Una cosa es verla, saber, informarte, y otra es vivirla
Él: -Para mí no, soy muy conciente de la realidad argentina. Y estás proponiendo voto calificado.
Yo: -Lo que digo es, para qué votás si no te va a afectar quién gane o pierda. Vas a seguir allá. A menos que votes a alguien que te garantice que vas a poder volver y vivir de tu trabajo
Él: -¿Cómo que no me afecta? ¿Creés que no tengo familia, amigos, que nunca más voy a ir?
Yo: -Dejá que tus amigos y familia decidan a quién votar
Él: -No decido por ellos, decido junto a ellos. Y no me fui porque me fuera mal. Si quiero vuelvo mañana mismo y puedo trabajar.
Yo: -Con más razón entonces. Te fuiste y seguís allá porque te gusta más, y opinás quién tiene que gobernar acá. Si yo viviera en otro lado no me daría la cara para opinar.
Él: -Estarías en tu derecho, si vivís en el exterior no es obligatorio votar, pero dejame ejercer mi derecho sin cuestionarme.
Yo: -Es mi opinión. Creo que, tal vez, si estuvieras en mi lugar, verías las cosas de otra manera.
Él: -Ok, quizás sí, lo más probable es que no.

Y luego la conversación terminó amistosamente, De cualquier manera, no me va a hacer cambiar de opinión. No es que yo busque el voto calificado, no creo que el que viva afuera no sepa y por eso no deba votar, de hecho esta persona seguramente está más informada que yo acerca de los antecedentes y propuestas de los candidatos, pero no me parece justo que alguien desde la comodidad y la belleza de un país perfecto decida sobre el futuro de un lugar en el que no le conviene estar. 







miércoles, 4 de noviembre de 2015

Ushuaia

Ushuaia es uno de esos lugares que siempre quise conocer pero que parecía imposible; sin embargo, gracias al coro, tuve la oportunidad de pasar cinco días maravillosos allí.

Tenía miedo del aterrizaje: imaginaba vientos cruzados y que el avión se caía al mar (sin contar el miedo normal de viajar en avión que tengo siempre), pero fueron viajes muy placenteros, tanto a la ida como a la vuelta. Le mando un besito al Laboratorio Roche gracias a cuya ayuda pude contemplar desde arriba en paz las nubes más lindas que he visto en mi vida.

Esperaba nieve y mucho frío, dos cosas que en Córdoba no se viven muy seguido que digamos. Estuve en la nieve pero no nevó, así que hasta que no me caigan copitos voy a seguir diciendo que no conozco la nieve, y el frío fue soportable, nada que no hubiera sentido otra vez.

Compartí habitación con a) alguien prácticamente desconocido b) del sexo opuesto. No, no se pongan contentos, no es que finalmente se me dio, el muchacho en cuestión es gay. A veces tomo esas decisiones impulsivas que no son propias de mí: me cuesta compartir, me cuesta mostrar mi intimidad, mucho más me cuesta relacionarme con desconocidos, pero cuando vi que este chico era el único cuyas fechas de llegada y salida coincidían con las mías, ni dudé preguntarle si quería estar conmigo. Podía pasar que nos lleváramos para el orto o que todo fuera diversión y amistad. No pasó ninguna de las dos cosas porque mi roomie resultó ser demasiado parecido a mí, lo cual generó mucho silencio y momentos de estar cada uno en lo suyo, pero cuando hablamos pude conocer a alguien bastante agradable.

Y la música. Cuando a uno le gusta cantar, canta en todas partes: en el avión, en un restaurant, en la calle, en un parque nacional. Aparentemente lo hicimos bien porque la gente que nos escuchó en esos lugares raros después nos fue a ver a los conciertos. Conciertos mágicos, en el primero de los cuales la solista se largó a llorar en medio del canto, cargada de emociones por su primer viaje en avión, por conocer la nieve, por la historia misma que estaba cantando, y nos hizo llorar a todos los demás; y un segundo concierto, con música para niños, en el que nos permitimos improvisar, actuar y disfrutar cuando vemos que los niños disfrutan.

Empecé a ponerme nerviosa en diciembre cuando se empezó a hablar del viaje, más en mayo cuando compré el pasaje, entre julio y septiembre me volví loca buscando y reservando hotel, y dos semanas antes dejé de comer: molestias que al llegar al fin del mundo rápidamente quedaron olvidadas.




lunes, 28 de septiembre de 2015

El recital

Quienes me leen desde hace rato tal vez recuerden que soy fan de Queen. Pero una fan normal, no enferma. No tengo todos los discos, hay muchos temas de los que no sé la letra, no he escuchado lo que han hecho en los últimos años ni me interesan las bandas tributo. De hecho no fui a verlos en el 2008 a Buenos Aires ni tampoco pensaba ir a verlos este año, hasta que el 9 de julio anunciaron que vendrían a Córdoba. El día que comenzó la preventa yo estaba tarjeta en mano desde las 00.00 esperando conseguir primera fila pero me decepcioné al ver que sería pista libre. No iba a poder sacar fotos y el pogo violento me iba a aplastar. Estuve semanas sin saber qué hacer, mientras todos los días entraba a revisar que las entradas no se estuvieran agotando. Finalmente, varios de mis compañeros de coro iban a ir y si no vivía la experiencia de un recital de pie por Queen no la iba a vivir nunca más por nadie. Y me animó mi hermana "¿¿Qué pogo?? Si todos los que van a ver a Queen deben ser como vos". Fue la mejor decisión que pude haber tomado. Estar con amigos fanáticos cantando, saltando, gritando y bailando fue hermoso e increíble. Como no llevaba cámara disfruté mucho más, pero filmé algunos videitos para tener como souvenir (desbloqueando cada vez mi celular con una contraseña que tiene que ver con Queen). Creí que me iba a llorar todo, pero estaba demasiado feliz como para emocionarme. El único momento de nudo en la garganta fue en la "coreografía de palmas" de "Radio Ga Ga", un clásico del pueblo queenero del que nunca me imaginé que iba a formar parte. A todos los otros recitales que he ido fueron de artistas que me gustaban "más o menos", pero anoche estaba realmente disfrutando con todas las ganas. Sí, eso que fui a ver no es Queen, Queen eran cuatro y dos ya no están (por voluntad propia y por el destino), pero músicos impresionantes haciendo la música que más me gusta en mi propia ciudad es algo que no se ve todos los días (y que lamentablemente no creo volver a ver).

PD: Cuando compré la entrada estuve a punto de contarle a M. y preguntarle si él también iba a ir, pero como después de su llamada telefónica apenas intercambiamos algunos mails y no quedamos en nada, lo dejé pasar. Anoche apenas me bajé del auto me llamó por teléfono y directamente me preguntó "¿qué ubicación tenés?", dando por sentado que iba a estar ahí. Cuando lo encontré en la fila nos dimos un abrazo como si nunca hubiera pasado nada malo entre nosotros. Lo sumé a mi grupo de amigos y estuvo al lado mío todo el recital. Pensaba en que Queen nos había unido (fue la primera charla que tuve con él) y ahora nos estaba reuniendo. La forma en que me miraba y en que aprovechaba la emoción de la música para abrazarme me hacen pensar de que se olvidó de mí tanto como yo me olvidé de él. Pero quédense tranquilos, les conté a mis amigos la historia y todos coincidieron en que me olvide, y en este preciso momento, su profesora de inglés (que casualmente es profesora de mi jefe) me está contando de M. y su esposa y sus hijos, así que por ahora no voy a volver con él.

PD2: No olvidemos que este post era sobre Queen, QUEEN. No sé cómo me fui por las ramas.

viernes, 4 de septiembre de 2015

Yo no quería ser secretaria

Pero la vida me trajo hasta acá y después de años de intentar escaparme terminé amando esta profesión que tan bien definió Nati hace algunos años:







jueves, 27 de agosto de 2015

Cumpleaños de hoy

-El encantador de perros.(*)
-El autor de "El bebé de Rosemary". (**)
-La mina que hace de Sherezade.
-El hijo de Lopilato y Bublé.
-La que escribe este blog.

Como verán, toda gente muy famosa.

Contra todo pronóstico, y a pesar de un resfrío que me está matando, hoy estoy de buen humor. Creo que por primera vez encaro mi cumpleaños con la mentalidad de que es un día para disfrutar y no con la de que no me gusta ser el centro de atención y preferiría que me ignoraran. Al menos parece que los años traen algo bueno.






(*) Amo a Cesar Millán.
(**) Ira Levin escribió otros dos libros que me gustaron mucho "The boys from Brazil" y "This perfect day"